sábado, 10 de abril de 2010

¿En dónde quedo la tacita de plata?

Esa es la pregunta que ahora nos hacemos cuando vemos tanta basura en nuestras calles, anteriormente se nos enseñaba de niños a no tirar la basura al suelo, tocaba encartarnos como hasta ahora lo hago hasta encontrar una caneca en donde depositar la basura o llevarla hasta la casa y botarla allí.

Hoy en día mucha gente anda tirando al suelo la basura sin importarles nada, niños y adultos que parecen no haber recibido una buena educación, o talvez se les olvido muy rápido que la basura no se arroja al suelo, así haya personas a las que se les paga por hacer el aseo en lugares públicos. Estas personas merecen respeto y nuestra colaboración.

La educación no es cuestión de modas la educación y la urbanidad demuestran el grado de cultura y desarrollo de una comunidad, en Medellín parece que estamos retrocediendo. Hay que preguntarnos si es que en los colegios no se hace énfasis en estos temas como se hacia anteriormente, si es así deberían de replantear que clase de individuos quieren mostrar de puertas hacia fuera de sus instituciones educativas.

Empresas Varias en años pasados tenia una campaña muy buena aunque para muchos era incomoda, jóvenes montados en zancos, con colores vistosos y con pitos que no dejaban de sonar cuando veían a un ciudadano poco culto arrojando al piso la basura, además quienes estaban cerca ayudaban a estos jóvenes chiflando y haciendo quedar mal al infractor hasta que esté finalmente terminaba recogiendo su basura y botándola en canecas que los jóvenes de zancos le ofrecían para hacerlo. ¡Será que hay que estar encima de la gente para que se comporte con altura?, no arroje la basura al suelo no sea…



domingo, 7 de marzo de 2010

Ahorrando Vida

Nos acostumbramos a vivir en apartamentos y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor; y porque no se tiene vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera;

Y porque no miramos para afuera, luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas; Y porque no abrimos del todo las cortinas, luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz.

Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud...

Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde;

A tomarnos el café corriendo porque vamos atrasados; acostumbramos a no mirar para afuera;

A leer el periódico en el autobús porque no podemos perder tiempo; A comer un bocadillo porque no tenemos tiempo para almorzar; A salir del trabajo ya de noche; A dormir en el autobús porque estamos cansados; A cenar rápido y dormir pesadamente sin haber vivido el día.

Nos acostumbramos a pensar que las personas cercanas a nosotros estarán siempre ahí y a creer que están bien, sin preocuparnos por averiguarlo; a esperar todo el día y finalmente oír en el teléfono: A ver cuándo nos vemos... La semana que viene nos reunimos..."

A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa a cambio.

A ser ignorados cuando necesitábamos tanto ser vistos.

Si el cine está lleno nos acostumbramos y nos conformamos con sentarnos en la primera fila, aunque tengamos que torcer un poco el cuello.

Si el trabajo está complicado, nos consolamos pensando en el fin de semana; Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano y listo, porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida... Que, poco a poco, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados.

Existe un dicho: "La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja".

El tiempo no se puede atrapar, mucho menos almacenar; nuestra existencia transcurre a gran velocidad, pero mientras tengamos vida, tenemos la oportunidad de cambiar nuestros hábitos, de tener una mejor calidad de existencia, de aprovechar y disfrutar cada respiro, cada latido de nuestro corazón.

No trasformemos nuestra vida en una rutina inútil que nos haga infelices.

La vida no hay que ahorrarla..., Hay que vivirla

Artículo compartido por Sandra Y. Marín