miércoles, 3 de agosto de 2011

No me mate! Soy motociclista

Por Fernando Quijano El Colombiano (viernes 17 de noviembre de 2006)

¿Se imagina usted que en las calles de Cali, Medellín o Bogotá sólo hubiera carros particulares, taxis y buses, y que las motos no fueran una alternativa sana de transporte de muchos colombianos? ¡Sería un caos total! No cabrían más carros ni las calles darían abasto.

¿Por qué la gente del carro en nuestras ciudades capitales no quiere darse cuenta de que las motos son una alternativa barata, sana, ecológica y entretenida de movilizarse?

Una moto contamina menos que un carro. Utiliza menos espacio en las calles, se parquea fácil, usa menos combustible en una época en la que el suministro de gasolina se empieza a volver un problema y, lo mejor de todo, la moto se disfruta más.

¿Qué culpa tienen los motociclistas colombianos de que la organización del transporte urbano sea un caos? Las calles de varias capitales son vías de pueblo en donde a duras penas caben dos carros.

En varias ciudades del mundo, léase Roma, Milán, Barcelona, Taipei, Hong Kong, entre otras, entienden las motos como un medio de transporte más futurista que el carro. No todo el mundo tiene plata para comprar un vehículo de cuatro ruedas y mucho menos para mantenerlo. Es en este punto en donde es apenas lógico que nuestras ciudades se estén llenando de motos.

Es cierto que se necesitan más reglas de tránsito y afanar a los motociclistas para que cumplan las normas básicas de movilidad urbana, pero el malo del paseo no siempre es el motoneto.

En Colombia la gente del carro no usa direccionales y se pasa, como vacas ciegas, de un carril a otro sin importarle si una moto está en medio de ellos ¡como sucede en cualquier parte del mundo, pues las motos van por ese llamado tercer carril! Ese es el accidente más usual y el que más problemas genera.

¿Qué quiere la gente del carro, que haya una fila india de motos? Por favor...

Sería cruel que se desatara una guerra contra las motos como lo están animando ciertos columnistas que no piensan en la gente y que ven en los moteros a un bicho al que se le puede tirar el carro sin misericordia, como quien pisara una rata en la carretera y siguiera de largo. Por pensar así está muriendo mucha gente en la calle y se le echa la culpa por ser motociclista.

La Policía y el Tránsito en nada ayudan y sus fastidiosos retenes para revisar casco, chaleco, pase y otras reglas, son muy duros con el motoneto, ¿y con los carros por qué no? Esas épocas en que los pillos montaban en DT 175 ya pasaron, ahora los malos andan en carros de alto cilindraje.

En Cali, Medellín y Bogotá, las calles están hirviendo de motos y esa es una realidad a la que se le debe dar manejo inmediatamente por parte de las autoridades locales. Es fácil criticar las motos cuando se tiene el dinero para comprar un carro, pero móntese en una moto y verá que la calle se mira desde otro ángulo, pero pilas que le pueden echar el carro.

“ Hoy quise compartir esté artículo que tenía guardado, dado que en estos días en la prensa local he leído algunos tips de personas que evidencian su rabia hacia los motociclistas con sus comentarios marcados por envidia, por el hecho de que las motos pueden transitar con más facilidad entre los trancones que cada día son más intensos en Medellín y en otras ciudades, más ahora que estamos de feria, estas personas que hacen estos comentarios deberían de ser más consientes pues en Colombia el factor de movilidad no es fácil y si a eso sumamos que miles de personas sólo pueden acceder a este tipo de vehículo, pues tener en carro en Colombia no es muy difícil, lo difícil es sostenerlo con la carestía del combustible, repuestos, seguros, impuestos, etc. Hacen del carro no una inversión sino un gasto inoficioso, más cuando se tiene que dejar dos días guardado por el llamado día de pico y placa en el cual los carros que su placa termine con unos números específicos no debe transitar por las calles a en las horas pico. Las motos deben de verse como parte de la solución a la falta de vías para tantos carros, no como un problema, esos sí estoy de acuerdo con imponer clases de conducción tanto para conductores de motos como de carros, pues muchas personas parece que no conocen de normas de tránsito, pues nunca pasaron por academias de conducción que garantizaran un optimo aprendizaje por el bien de todos. “

viernes, 29 de julio de 2011

¡Por fin alguien lo hizo!

Acabo de leer en internet que a la entrada de algunos restaurantes europeos les decomisan a los clientes sus teléfonos celulares.

Según la nota, se trata de una corriente de personas que busca recobrar el placer de comer, beber y conversar sin que los ring tones interrumpan, ni los comensales den vueltas como gatos entre las mesas mientras hablan a los gritos.

La noticia me produjo envidia. Personalmente, ya no recuerdo lo que es sostener una conversación de corrido, larga y profunda, bebiendo café o chocolate, sin que mi interlocutor me deje con la palabra en la boca, porque suena su celular.

En ocasiones es peor.

hace poco estaba en una reunión de trabajo que simplemente se disolvió porque tres de las cinco personas que estábamos en la mesa empezaron a atender sus llamadas urgentes por celular.

Era un caos indescriptible de conversaciones al mismo tiempo. Gracias al celular, la conversación se está convirtiendo en un esbozo telegráfico que no llega a ningún lado. *

El teléfono se ha convertido en un verdadero intruso.*

Cada vez es peor.

Antes, la gente solía buscar un rincón para hablar. *

Ahora se ha perdido el pudor. *

Todo el mundo grita por su móvil, desde el lugar mismo en que se encuentra.

Aunque la gente piensa que puede hablar o escribir al tiempo que se conduce, hay que estar en un trancón causado por un adicto al teléfono para darse cuenta de que no es así.*

No niego las virtudes de la comunicación por celular. *

La velocidad, el don de la ubicuidad que produce y por supuesto, la integración que ha propiciado para muchos sectores antes al margen de la telefonía. *

Pero me preocupa que mientras más nos comunicamos en la distancia, menos nos hablamos cuando estamos cerca.*

Me impresiona la dependencia que tenemos del teléfono. Preferimos perder la cédula que el móvil, pues con frecuencia, la sim card funciona más que nuestra propia memoria. *

El celular más que un instrumento, parece una extensión del cuerpo, y casi nadie puede resistir la sensación de abandono y soledad cuando pasan las horas y este no suena. *

Por eso quizá algunos nunca lo apagan.

¡Ni en cine! He visto a más de uno contestar en voz baja para decir: "Estoy

 en cine, ahora te llamo". *

Es algo que por más que intento, no puedo entender. *

También puedo percibir la sensación de desamparo que se produce en muchas personas cuando las azafatas dicen en el avión que está a punto de despegar que es hora de apagar los celulares. *

También he sido testigo de la inquietud que se desata cuando suena uno de los ring tones más populares y todos en acto reflejo nos llevamos la mano al bolsillo o la cartera, buscando el propio aparato.*

Pero de todos, los Blackberry merecen capítulo aparte. *

Enajenados y autistas. *

Así he visto a muchos de mis colegas, absortos en el chat de este nuevo invento. La escena suele repetirse. *

El Blackberry en el escritorio. *

Un pitico que anuncia la llegada de un mensaje, y el personaje que tengo en frente se lanza sobre el teléfono. *

Casi nunca pueden abstenerse de contestar de inmediato. *

Lo veo teclear un rato, masajear la bolita, y sonreír; luego mirarme y decir: "¿En qué íbamos?". Pero ya la conversación se ha ido al traste. *

No conozco a nadie que tenga Blackberry y no sea adicto a el. Alguien me decía que antes, en las mañanas al levantarse, su primer instinto era tomarse un buen café. *

Ahora su primer acto cotidiano es tomar su aparato y responder al instante todos sus mensajes. *

Es la tiranía de lo instantáneo, de lo simultáneo, de lo disperso, de la sobredosis de información y de la conexión con un mundo virtual que terminará acabando con el otrora delicioso placer de conversar con el otro, frente a frente.** **Y MIRAR A LOS OJOS A LA OTRA PERSONA QUE MERECE

RESPETO, SE CONVIRTIERON EN ADICTOS QUE ROMPERIERON EL ESQUEMA DE LA GRATA COMUNICACIÓN.*

Att. Hernán Darío Gómez Tirado

Quise compartir este mensaje que recibí por encontrarlo de gran utilidad para que aquellas personas que reflexionen sobre lo acá escrito cambien de actitud frente a su celular, yo particularmente procuro no gastarle mucho tiempo al mío, lo uso sólo para cosas importantes y cuando llego a la casa o los fines de semana me olvido de el, pues no me gusta que un aparato intruso acabe con lo más preciado que tenemos la tranquilidad en el hogar en compañía de nuestros seres queridos.

Jorge Marín Webmaster

www.paisasin.com

http://paisasin.blogspot.com/



La batalla, por ejemplo, contra los conductores que manejan con una mano, mientras la otra, además de sus ojos y su cerebro se concentran en poner SMS, parece perdida. *